Artista Plástico, Profesor Titular de Pintura del Departamento de Pintura y Escultura de la Facultad de Bellas Artes de la ULL, y ha realizado múltiples exposiciones nacionales e internacionales. Ha participado en multitud de proyectos vinculados al mundo del Grabado, y publicaciones relativas al arte y el paisaje. Realiza su actividad artística en su taller de pintura, grabado, video y audio, en Tacoronte. Director de la Beca de Pintura de Paisaje de Santa María de Guía en Gran Canaria. Director de la beca de paisaje Fundación Guido Kolitscher en La Gomera.  Director del grupo de investigación   Taller de Acciones Creativas (TAC).

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Son muchas, e inequívocamente femeninas, las artes de Atilio. Muchas y femeninas porque se oponen al Arte único, mayúsculo, institucional y masculino. Una de ellas es su portentosa capacidad para provocar encuentros fructíferos. En estos tiempos en los que el aislamiento físico se ve potenciado por las redes informáticas que nos conectan con cualquier parte del mundo en un instante mientras permanecemos encerrados en nuestra habitación ignorando indiferentes lo que ocurre en la habitación de al lado, ignorando lo que le ocurre al vecino de bajo o al tendero de la esquina, en estos tiempos en que las relaciones humanas se ven suplantadas por simulacros de comunicación, hay que agradecer la presencia de un mago de los encuentros, cuando acierta a provocarlos con gracia, en lugares capaces de desautomatizar tanto las rutinas perceptivas como las rutinas comunicativas o de comportamiento, en lugares que se convierten en crisol de intercambios fluidos y aprendizajes desatados. Frente a las pamplinas burocráticas que padecen los actuales estudios institucionales de arte, frente a la pedantería pedagógico-informática, frente a las entelequias metodológicas esterilizantes, los encuentros de carne y hueso entre personas físicas favorecen intercambios de conocimiento a través del diálogo, el habla y la cercanía, a través del afecto, la soltura, y la intuición, y así actualizan la mejor tradición de los orígenes de nuestra cultura grecolatina. Un entorno privilegiado y la compañía adecuada es didácticamente más eficaz que el mejor de los planes de estudios o los más avanzados recursos tecnólogicos. Disfrutando en un jardín epicúreo se trasmite más, se aprende más, se hace más y sobre todo, mejor. Quienes hemos tenido la suerte de verificarlo debemos agradecerlo en voz alta.
José Saborit, diciembre 2008.

The Therapies

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xilografía gran formato sobre papel de arroz, 2006


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Si deseas obtener mérito y hacerte uno con lo divino, desarrolla entonces tu virtud y extiéndela hacia el mundo. Abandona teologías fantasiosas e ideas imaginarias y realiza algún trabajo cotidiano ordinario como la curación. 

Abandona todo conflicto y lucha. Practica la bondad inquebrantable y la paciencia sin fin. Evita seguir los impulsos y perseguir las ambiciones que destruyen la plenitud de tu mente y te separan del Camino Integral. Nunca te obsesiones con las circunstancias ni renuncies a tener conciencia de ellas. Para dirigir tu mente, has de saber que no existe nada; por tanto, abandona todo apego en la nada.
Lao Tse
Hua Hu Ching

Sake y electroacupuntura. Linóleo, estampa sobre papel de arroz, 2008



療法二 Es el trabajo integrador una puesta en sincronía de sucesos reales y cotidianos. Quedan los hechos grabados en los medios, llevarlos a los formatos es una consecución oportuna y logro. Este juego de espejos no es laberinto, guiado por este sonido vibrante, que consigue que los elementos resuenen, hasta conseguir salir de estas apariencias. Muchas perspectivas de un sólo caso experimental, donde los participantes siguen estando ahí en alguna manera y lugar.


edición de carpetas con 7 linóleos
de Atilio Doreste
en papel chino de arroz
plancha 22 x 16,5 cms
papel 47 x 35,5 cms




















Texto de Ernesto Suárez para la edición:


Canto


I


Las manos de la tierra, las dos cuevas

En la roca

como puños pero abiertos:

en ofrenda

para la acogida


II


Cuencos para la vida

convocan

Lo que sucede en la voz

será


III


Sobre nosotros se alza

el águila del sol

Sanadora


Fluorescencias

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Óleo sobre lienzo F50 y F100, 2006

Dobles identitarios. Dibujos

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Alguien mira desde abajo

Sobre la obra de Atilio Doreste, año 2000/02

Distante, desde la cresta hueca del mundo, vierte el sol inmisericordes sus rayos sobre la tierra. Desde el cénit del solsticio vernal, en su paso por el trópico de Cáncer, verticales destellos alcanzan a todas las cosas de esta tierra. A plomo caen y todo lo anegan por igual, sin distinciones: desde el milagroso brote primaveral, puntual o rezagado, hasta la inmundicia remansada en su propio magma. La violencia de la luz más espesa hace la sombra que se mueve entre los seres. Arriba está el sol, abajo las cosas. Más abajo, alguien mira en contrapicado, alguien atestigua el baile de las sombras, anota con pintura el casi imperceptible ritmo del mundo bajo los movimientos del sol, detiene con óleo esa danza en la que se cuece lo vivo. ¿Qué decir de los significados del abajo? De las metáforas situacionales que albergamos en nuestra conciencia tal vez sea la oposición arriba/abajo la que con más inmediatez determina nuestro pensamiento y nuestra visión del mundo: la antítesis cielo/infierno que la tradición judeo-cristinana nos ha inculcado, las facultades superiores e inferiores, los elevados pensamientos y los bajos instintos. Mirar desde abajo, a pie de tierra, no es sólo un punto de vista accidental, es una estratégica toma de partido con el mundo, una elección moral. Alguien mira desde las escombreras, entre los despojos de la orbe, inmerso en los desechos, las impurezas, la basura, desde ese abono que atesora un inmenso caudal de vida. Con su modo de entrelazar el tejido pictórico, cuajando su liquidez, nos hace partícipes de la materia de las emociones, en el lugar donde tierra y pintura comparten su latido de pasión primigenia, organismo vivo, impulso natural que florece sólo en el abajo, brote vivo con paradójica vocación de altura. Y desde allí nos invita a abandonar cualquier delirio de pureza, recordándonos que estamos hechos de barro impuro, por más que nuestros brotes verdes miren al cielo, como acto reflejo de su deuda contraída con el sol.

José Saborit, 22 de diciembre de 2001 (Solsticio de invierno)























Pequeña antología

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Autorretrato. Dibujo de mi etapa juvenil, año 1984

Mano Paisaje. Bronces